A continuación exponemos la
evaluación de los objetivos propuestos en nuestra investigación:
1. Conocer
la disponibilidad de productos
Gracias
a la técnica de la observación empleada en la visita al economato comprobamos
lo siguiente:
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Hay
un exceso de productos ultraprocesados y, concretamente de productos de
desayuno: galletas, crema de cacao y avellanas, cereales azucarados, cacaos
azucarados, mermeladas, embutidos (chorizo, pechuga de pavo).
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Las
conservas únicamente pueden escogerse con aceite de girasol. Sería aconsejable
poder conseguirlas al natural o en aceite de oliva.
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Las
pastas, el arroz y los panes disponibles están elaborados a base de harinas
refinadas y no existe posibilidad de comprar esos productos integrales, lo cual
sería ideal.
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La
disponibilidad de fruta saludable es escasa, ya que no hay fruta fresca y la
enlatada es en almíbar (melocotón), excepto la piña al natural, que sería la
mejor opción a elegir.
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Existe
poca variedad de carne y pescado, no pudiendo tampoco comprarlo fresco.
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La
alimentación para bebés está basada en productos poco sanos, ya que por ejemplo
las papillas son de cereales hidrolizados (escasez de nutrientes y exceso de
azúcares).
En
resumen, no hay una buena distribución de los recursos, ya que abundan los
alimentos superfluos y hay escasez de materias primas.
2. Averiguar el grado de
conocimientos nutricionales con los que cuenta la población objeto de estudio
En base a la pregunta sobre
conocimientos de las funciones de los hidratos de carbono, la grasas, las
proteínas y la fibra, observamos que la mayoría de los encuestados no las
tienen claras. Se observan, sobre todo, dudas con respecto a sus funciones en
el organismo.
El 75% de los encuestados han sabido
responder correctamente a la pregunta sobre qué alimentos son saludables.